Cambiar a contenido. | Saltar a navegación

Herramientas Personales

Navegación

Usted está aquí: Inicio / El Parque / Flora

Flora

Árboles, arbustos y plantas de jardín.

Contamos con numerosas especies de árboles, arbustos y plantas de jardín, cuyas especies fueron propuestas, estudiadas y pactadas por los vecinos y arquitectos del servicio de parques y jardines en la construcción del parque; una vez que el ayuntamiento dio por terminada la construcción del parque y viendo los vecinos que todavía había mucho por hacer, comenzamos una campaña de sensibilización al cuidado del parque en la que se incluía la plantación de árboles, de arbustos y de plantas esteparias y de flor en las diferentes épocas del año.

Diferenciadas por zonas tenemos:

El Paseo de los Plátanos de Sombra
El Jardín Estepario
La Acequia
El rincón del Sudeste
El Lago
La Alameda
El Paseo de la Palmera
El Pinar
Los Huertos
La Gran Pradera
El Paseo de los Tilos
La Taller de Jardinería y la zona de merenderos

Veámoslas:

A la entrada del Parque, nos llama la atención un elemento de construcción circular de grandes dimensiones y cubierta de una cúpula verde oscuro abombada; es el kiosco de la música, aunque el barrio ha podido comprobar que no sirve para tal uso, mientras esperamos su remodelación, reivindicada desde los inicios, podemos usarlo como mirador y desde allí plano del parque en mano, orientarnos.

Al dirigirnos al kiosco, a nuestra izquierda observamos el amplio recinto del centro Deportivo Municipal Oliver; Nos desviamos a la derecha para llegar al kiosco.

Subimos a la planta superior que nos permite una panorámica circular desde donde contemplar una parte importante del Parque. Si nos asomamos mirando hacia el lago tenemos enfrente el sur; el oeste queda a nuestra derecha siguiendo la gran recta del paseo de los plátanos de sombra. Situar norte y este es ya coser y cantar.

Ahora puede ser un buen momento para identificar las diferentes zonas y ambientes del Parque que observamos y percibimos desde aquí: la amplia plaza circular donde se ubica el propio kiosco, las piscinas, el taller de jardinería del Centro Sociolaboral, las petancas, el lago, los juegos infantiles, las grandes praderas, la valla que nos señala la presencia de la acequia, el paseo de los Tilos, el paseo de los Plátanos de Sombra, la caseta de los huertos (al fondo hacia el oeste), etc.

Es también una oportunidad para conocer el entorno urbano que rodea al Parque: centros de enseñanza, viviendas, desaparecidas torres tradicionales, campos cultivados. También fábricas, almacenes y, el alto el antiguo depósito de agua del barrio.

Ya situados iniciamos la visita detallada al Parque, siguiendo un itinerario que nos llevará de ambiente en ambiente.


EL RINCÓN DEL SUDESTE

Nos dirigimos hacia el primer puente que cruza la acequia, al sudeste. Después de salir de la rotonda del kiosco y antes de llegar al puente, cruzamos una amplia zona abierta que acoge seis pistas de petanca. En el césped cercano a ellas, encontramos seis nogales. Cruzamos el puente; a la derecha vemos la falta de árboles eucaliptos que se plantaron en los inicios y tuvieron que ser cortados al no aclimatarse a los cambios de temperatura, al cierzo etc…, a la izquierda el Taller de Jardinería del Centro Sociolaboral del barrio, donde algunos jóvenes pasan un periodo de formación en temsa sde jardinería. Los álamos y chopos que jalonan su perímetro interior  fueron plantados por niños y niñas de los colegios del barrio.

Esta zona del Parque, se ha diseñado como merendero. Las melias, los tilos y algunos ejemplares de arce negundo, (del que en otoño cuelgan sus frutos con dos alas estrechas separadas) proporcionan sombra en verano a las mesas. Una buena extensión de pinar completa el rincón del sudeste.


LA ACEQUIA

Volvemos a cruzar el puente para recorrer la acequia por su margen derecha. A la derecha del camino, y al principio del recorrido, hay tres olivos, testigos nuevos de la antigua vocación de la tierra que hoy es el Parque Oliver.

La denominada acequia del Plano nace del Canal Imperial de Aragón y ha incorporado a su función tradicional, de regar huertas y campos, la de dar vida a nuestro Parque. Por fin, tras alimentar las huertas, sus aguas llegan al río Ebro.

A lo largo de sus orillas y con la participación de jóvenes del barrio, se han plantado algunas especies representativas de las riberas naturales de los ríos aragoneses, que encontraremos también en otras zonas del Parque: entre los arbustos destacan el tamariz, el cornejo, el majuelo o espino albar, el rosal silvestre y el endrino, arbusto con cuyos frutos se elabora el pacharán. Entre los árboles el sauce, el chopo, el álamo y el fresno.

La acequia es llamada por los vecinos la Acequia Madre porque desde ella se bifurcan numerosos brazos y acequias menores que atravesaban y regaban toda la zona. El parque se riega con agua de la acequia almacenada en el lago y con la procedente de un pozo subterráneo.

Junto a la original valla de la acequia, un arbusto pinchudo forma un seto continuo; es el espino de fuego, que se cubre de pequeños frutos intensamente anaranjados poco antes del otoño, permaneciendo durante el invierno. En primavera, las vistosas flores amarillas de las retamaslucen a orillas de la acequia. Todavía podemos observar en algunos tramos la vegetación natural como es el caso de las cañas, planta típica de las acequias. Ver –y oír- el agua que corre es relajante; simula un viaje sin sobresaltos y puede estimular nuestra reflexión: el agua que corre es vida que fluye…


EL LAGO

A la derecha del camino de la acequia observamos el amplio lago. En la orilla del lago encontramos grandes ejemplares de tamariz; también podemos observar álamos y fresnos, así como una hilera de abedules. En el otro lado, enfrente, tenemos chopos, cedros, álamos y sauces.

El estanque es el mejor lugar para observar pájaros ya que éstos acuden a sus orillas para bañarse. Los más acróbatas no se posan y meten el pico en el agua, pasando a gran velocidad a ras de la superficie: es el caso de las golondrinas y aviones que nos visitan en primavera y verano. Junto a ellos los vencejos nos llaman la atención con sus agudos chillidos en lo alto del cielo.

Después del lago encontramos otra zona de juegos infantiles, sombreada por chopos y catalpas. Un trozo de césped triangular alberga tres cedros y diversos cipreses que, al igual que las otras especies de hoja perenne, dan color al invierno.


EL PINAR

Caminando junto a la acequia llegamos a un segundo puente. Un poco más adelante, y en la orilla, hay un gran ejemplar de fresno, recuerdo de la vegetación de ribera; se conserva desde antes de la construcción del Parque. Este punto es uno de los más sombreados en verano, por lo que al año siguiente de la inauguración del parque en la celebración de la primera contada de cuentos del Parque Oliver, fue elegido escenario de esta celebración que continúa año tras año y en el año 96 apadrinado con el nombre de “El Árbol de los Cuentos”, donde cada primer domingo del mes de junio, cercano al día Mundial del Medio Ambiente, nos reunimos más de doscientas personas a escuchar, disfrutar y contar cuentos.

Cruzamos el segundo puente para reconocer esta zona del Parque situada en la margen izquierda de la acequia.

Observamos que paralelamente a la acequia abundan los álamos, los sauces llorones, los fresnos y algún plátano de sombra, muchos de los cuales de plantaciones hechas por los vecin@s y escolares de la zona año tras año junto con el Taller de Jardinería del Centro Sociolaboral.

Siguiendo el camino llegamos a una zona con suelo tapizado de césped, y donde abundan pinos retamas; detrás de la misma hay un descampado con piedras, colindantes con campos de cultivos. Por esta zona es habitual ver al pájaro carpintero.

Más lejos y hacia la izquierda, divisamos otra zona recreativa con mesas. Los pinos piñoneros y carrascos dominan esta zona. Hay también algunas retamas. Al fondo divisamos naves industriales en la carretera de Madrid. Es la parte del parque que todavía está sin terminar.


EL JARDÍN ESTEPARIO

Cruzamos de nuevo el puente, pasamos al lado del fresno y de las pistas de petanca hasta llegar al jardín estepario. Es un espacio, un ambiente, en el que merece la pena detenernos con tranquilidad y curiosidad. El jardín de plantas esteparias “la Rocalla” requiere un mantenimiento mínimo, presenta en un reducido espacio muchas de las plantas típicas que caracterizan el entorno árido de Zaragoza. Conforman un paisaje único en Europa, poco conocido en Aragón; Muchas de las plantas que encontramos fueron traídas por la gente de sus lugares de origen, sus pueblos y plantadas allí, lo que vincula más si cabe los orígenes con el sentimiento de cuidado del Parque.

Son plantas afines a sales y yesos: la albarda o fipsófila, osagra, sisallo… hay también especies aromáticas como la sabina negra y el enebro; tampoco falta el pino carrasco ni la sabina albar, especie representativa de los antiguos bosques de Monegros. Encontramos también tomillo, romero, esparto, retamas, ontina. Este jardín es único en su especie en parque público de Zaragoza. Estas plantas, junto con otras muchas, aunque de aspecto poco llamativo, cumplen una función esencial y sujetan suelos frágiles frenando la erosión; viven adaptadas a las condiciones ambientales que caracterizan el clima árido del valle del Ebro: resisten al cierzo, las heladas, los calurosos veranos y las precipitaciones escasas.
    
Después de deleitarnos con este retazo de estepa, seguimos el camino bordeado en su derecha por los grandes aligustres del Japón; su porte nos dice que su edad es algo mayor que la del resto de árboles del Parque, fueron trasplantados aquí desde la plaza San Francisco con motivo de la construcción de los aparcamientos subterráneos en ella.

A nuestra izquierda, una amplia alameda crece sobre el césped, junto a la valla de la acequia. Comparte pradera con arbustos como la adelfa, de hoja perenne, verde oscura y alargada, muy resistente a la contaminación. También con diversas especies de coníferas: cipreses y cedros, éstos últimos con hojas en forma de aguja que nacen en grupos.


LOS HUERTOS

Al final del camino llegamos a la zona de huertos. El Ayuntamiento de Zaragoza ofrece la posibilidad a los jubilados del barrio de cultivar el huerto por periodo inicial de tres años. Como se puede observar lo cultivan con sumo interés y dedicación. Disponen de un recinto cercado dividido en parcelas, con un edificio para guardar herramientas y útiles. El agua para regarlos se toma de la acequia. Se trata de una actividad ocupacional de gran interés social y que le da al Parque otra razón de ser, una forma más activa de disfrutarlo.

El tramo final de la acequia antes de salir del Parque, rodeado de carrizos y cañas, nos recuerda la imagen tradicional de una acequia de riego. Los huertos son un intento de mantener las raíces rurales de algunas personas del barrio, memoria de la vocación de los terrenos que hoy ocupa el Parque y anticipo de la valiosa huerta que nos rodea todavía en las proximidades del barrio.


EL PASEO DE LA GRAN PALMERA

Desde los huertos tomamos de regreso el amplio camino presidido por la gran palmera. Pronto llegaremos a un conjunto de jardines de diseño geométrico, llamados de estilo francés, separados por escaleras, con setos de aligustre común y ciprés en sus orillas que delimitan diversos espacios. A los ya conocidos cedros y cipreses se unen los magnolios de hojas perennes, duras y brillantes por el haz y frutos en forma de piña. Algunos fragantes laureles ocupan las esquinas de los setos.

En medio del jardín circular encontramos la llamativa figura de una gran palmera.

La palmera es un elemento exótico, una novia del sol que aquí flirtea con el cierzo. En este espacio los escolares de educación infantil, cada primavera, plantan flores para conservar más bonito el Parque.


EL PASEO DE LOS PLÁTANOS DE SOMBRA

Pasada la palmera tomamos el primer camino a la izquierda y durante unos momentos recorremos el largo paseo de los Plátanos de Sombra que cruza el Parque de oeste a este. El Paseo de los plátanos de sombra está flanqueado por numeros bancos que nos invitan a sentarnos y que evitan el desánimo ante tan largo sendero que cruza el Parque de oeste a este. Muchos de los plataneros han sido plantados por los vecinos y vecinas del barrio Oliver en fiestas como la Cincomarzada.

En primavera el prolongado canto chirriante del verdecillo, quizá nos proporcione la pista para encontrar en alguna rama a este pequeño pájaro de cuerpo verde y amarillo.

Algunos macizos de arbustos ornamentales (cotoneaster, fotinias, adelfas, rosas de Siria, etc...) jalonan ambos lados del largo paseo.


LA GRAN PRADERA

Giramos a la derecha por el siguiente camino y seguimos por el paseo perpendicular al de los plátanos de sombra. A nuestra izquierda bordemos un vasto espacio abierto, la gran pradera; que se encuentra salpicada de pequeños grupos de cedros, álamos, adelfas, ciruelos rojos, palmeras, etc. Es un estilo de jardín inglés. A la derecha hemos dejado otra zona de juegos infantiles rodeada de catalpas, árboles de grandes hojas acorazonadas. Sus frutos son largas judías que cuelgan durante todo el invierno. Un gran espacio abierto, bañado de luz. A los niños y niñas les dan ganas de correr detrás de una pelota o de rodar de arriba a bajo, a los mayores de tumbarse a tomar el sol, charlar, hacer música con sus timbales y a los perros… (lo que representa un problema se salud pública, sobre todo para los más pequeños, si estos animales no tienen unos dueños responsables y limpios).


EL PASEO DE LOS TILOS

Cerca ya del segundo puente de la acequia, pero antes de alcanzarlo, tomamos el primer camino a la izquierda. Enfilamos el paseo de los tilos, que forman sendas hileras a ambos lados del camino. Pasear en compañía y charlar, pasear en solitario y meditar. Si no te relajas con el paseo, quizás lo puedes hacer con una infusión de tila. En invierno quizá veamos a los pinzones comiendo por el suelo.

A nuestra derecha hemos dejado los elegantes árboles del paraíso, con sus hojas verde-grisácea por el haz y plateadas por el envés, y los palmitos, que nos recuerdan a las palmeras pero sus hojas tienen forma de grandes abanicos.

El camino nos lleva hasta el final de nuestro itinerario en el kiosco. O quizá sea el comienzo de nuevos itinerarios por el Parque Oliver.

Esta información la puedes encontrar ampliada en el libro El Parque Oliver ¡Vívelo!, que se publicó en noviembre de 1996.